Claudia Bazán

El poeta chileno, Pablo Neruda, fue un hombre comprometido con su tiempo y ,por ello, en algún momento de su vida se preguntó si la poesía podía servir a sus semejantes y si podía acompañar la lucha de los hombres. Parte de la respuesta la fue descubriendo a través del humanismo desterrado, hasta entonces, de la poesía contemporánea.(1)

Esta decisión se plamaría en su Canto general y para ello buscó un lugar para trabajar.

En Isla Negra, el socialista español y capitán de navío, Eladio Sobrino le vendió su casa de piedra sin terminar, junto al océano Pacífico. Los editores del, entonces proyecto de Canto general, le pagaron el costo de la vivienda directamente al propietario en 1939.(2)
Hoy esa casa que fuera refugio e inspiración de su Canto general es un museo que es visitado permanentemente por turistas de todo el mundo.Allí descansan los restos del poeta y de su esposa, Matilde Urrutia.

Además del mobiliario se pueden ver numerosos objetos relacionados con el mar coleccionados por el poeta, entre ellos, hay algunos mascarones de proa,brújulas chinas, pequeños barcos dentro de botellas,el unicornio de un narval y colmillos de elefante.También se puede ver un caballo de madera que Neruda encontró en un almacén de un pequeño pueblo de Chile.Al caballo le faltaba la cola, cuando algunos amigos se enteraron, tres de ellos le obsequiaron una cada uno, por la que el particular equino terminó portando tres colas.


La guía del museo cuenta que Neruda le tenía miedo a navegar pero, al mismo tiempo, amaba el mar y el océano. Resolvió esta paradoja instalando un bote sobre un costado de su casa y allí solía sentarse a charlar con sus amigos, dentro del bote encallado en suelo seguro.

Neruda decía que construyó su casa ,alargada como el contorno geográfico de su país, visitarla es encontrarse, no sólo con el viento que nos sopla sus poemas, sino también, con las huellas de su memoria que nos hablan a través de sus objetos predilectos.

(1)(2)( Neruda, Pablo.
“Confieso que he vivido”.Ediciones Losada,1975.

"La noche en Isla Negra"
Antigua noche y sal desordenada
golpean las paredes de una casa:
sola es la sombra, el cielo
es ahora un latido del océano,
y el cielo y sombra estallan
con fragor de combate desmedido:
toda la noche luchan,
noche conoce el peso
de la cruel claridad que se irá abriendo
como una torpe fruta:
así nace en la costa,
de la furiosa sombra, el alba dura,
mordida por la sal en movimiento,
barrida por el peso de la noche,
ensangrentada en su cráter marino.

Poema extraído del Memorial de Isla Negra